Outcast comenzó de una manera realmente pormetedora, con un episodio piloto impactante y que a todos nos dejó con ganas de mucho más. Pero semana a semana, te quedas con la sensación de que ese nivel se va diluyendo poco a poco, y que la serie comienza a acumular más fallos que aciertos. Aún así, en este cuarto episodio, A Wrath Unseen podemos ver varios detalles interesantes que adelantan alguna de sus tramas.

A CONTINUACIÓN, REVIEW DE OUTCAST S01E04, CONTIENE SPOILERS, ESTÁS AVISAD@

Arrancamos el episodio de esta semana con las consecuencias inmediatas del final del anterior, la muerte de Norville, el vecino de Kyle. Aunque todo apunta a un sucidio, esa navaja de afeitar en el suelo coloca al misterioso hombre del sombrero en el punto de mira del espectador. Y precisamente, ese personaje, prácticamente un desconocido a estas alturas de temporada, nos deja un detalle en la primera escena. Se presenta en el funeral, al que tan sólo han acudido Kyle y el Reverendo Anderson, como un amigo de Norville, dando a conocer su nombre: Sidney. Además, avisa que se encargará de todo lo que haya dejado el malogrado y que estará por Rome, la ciudad, los próximos días.

A continuación, vemos a Anderson en su casa, con su “amiga” observando su particular colección de trofeos, pequeños recuerdos de sus batallas contra el maligno. Le llama especialmente la atención una figura de un niño pescando, que él coge con la mano temblorosa y que enseguida le evoca los recuerdos de ese caso en concreto: un exorcismo a una anciana, que en unos minutos descubriremos su identidad.

Megan, la absoluta protagonista del capítulo, se dispone a salir a cenar con su marido Mark, una cita que ambos reconocen como necesaria, y por lo que intuímos, poco habitual en la pareja. En el restaurante al que acuden, cuando todo parece que va a ser una velada placentera, se presenta Donald, ese hombre del pasado de Megan al que ya intuímos algo escabroso la semana pasada. Se presenta como un viejo amigo de la infancia que ha venido para hacer negocios, aunque la cara de ella lo dice todo.

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En la siguiente escena, vemos al jefe de policía GIles, compartir una barbacoa con unos amigos con dos detalles significativos. El primero, sueltan al perro del jefe un momento, y se pone a ladrar como loco. Lo primero que he pensado ha sido que ya teníamos al endemoniado de turno, pero parece ser que se quedará en “instinto perruno” y poco más. Lo que sí cobra más importancia es el segundo detalle, cuando le devuelve el reloj de oro que Mark recuperó de la caravana abandonada. La reacción del amigo es, cuanto menos, sospechosa, no le da demasiada importancia, ni dice recordar dónde lo perdió.

Kyle, que a pesar de ser el protagonista de la serie, el Outcast, el Marginado, no tiene demasiados minutos en esta ocasión, se encuentra en un bar del pueblo, cuando se le acerca Donald. En seguida, comienzan una batalla, sin saberse a las claras el porqué, que hace les echen del local. Aunque se siguen zurrando de lo lindo afuera, Kyle es vapuleado por Donald, quien parece confirmar que también es una piedra en el pasado de Barnes. Más tarde tendrá una conversación con Megan, en la que ésta le pide que lo deje estar, que le reste importancia.

Al día siguiente, Kyle va en busca de Anderson al cementerio de la ciudad, se dirigen a casa de una anciana a llevarle algunos víveres. Durante el trayecto, hablan de cómo ve el reverendo esa pelea interna que tienen los poseídos, cómo evitar que el mal entre. Ante esta reflexión, Kyle se pregunta que hicieron su ex mujer, su hija o el pobre Joshua para permitir que el mal les invadiera.

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Dentro del domicilio, se encuentran con la hija de la anciana, quien informa a Anderson de un cambio brusco en el carácter de esta mujer, llamada Mildred. Kyle se topa con ella en una habitación y ya desde el principio, al menos a mí, me dio mala espina. Malas vibraciones cuando demuestra conocer a la perfección la vida de Barnes, se preocupa por los detalles del exorcismo de Joshua y cuando reaccion como Blake, el preso de la semana pasada al tocarse.

Inmediatamente, el Marginado ata cabos y deduce que algo no va bien. Anderson le cuenta que hace dos años se pasó más de una semana tratando de sacar el mal de su cuerpo y que finalmente lo consiguió, algo que no termina de convencer a Kyle y plantearse si realmente consiguió completar el proceso.

De vuelta con Megan, tras mostrarse visiblemente afectada por su encuentro con Donald, vemos cómo esa misma noche le cuesta dormir, y recuerda una escena clave de su pasado. Dondald abusaba de ella cuando eran tan sólo unos adolescentes.

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Es una escena breve, en la que tan sólo la mirada entre ambos nos indica qué va a pasar, y confirma nuestras teorías. Fruto de estos recuerdos, Megan coge una pistola que tenía guardada a buen recaudo y al día siguiente, marchará hasta el hostal donde se encuentra Donald, para tener una charla con él. La tensión es palpable entre ambos, pero Donald trata de convencerle de que ha cambiado y que esos hechos de su pasado le provocaron suficiente castigo. La respuesta de Megan, la tienes recogida más abajo, y te hace comprender la fuerza que tiene este personaje, para haberse repuestos de unos sucesos tan traumáticos.

Mark anda con la mosca detrás de la oreja por ese encuentro con Donald y cómo afectó a su mujer, por lo que decide hablar con Kyle para tratar de averiguar algo más. Barnes le confirma du identidad, descubrimos que como él, es un chico adoptado, y que en ese momento trató de protegerla en todo momento, incluso durmiendo a los pies de su cama. Mark, claro está, ya sabe qué hará cuando se lo encuentre a pesar de que Kyle le dice que Megan le pidió que lo dejaran estar.

Lo siguiente que vemos de Mark es cómo le para con el coche de policía y como acaba dándole una paliza, la cual queda grabada por las cámaras del coche patrulla.

De nuevo marchamos con el reverendo, que se ha quedado con la duda sobre si realmente acabó con los demonios de Mildred. Por eso, va a visitarla y mantiene una conversación con ella, sobre sus cambios de carácter. La verdad que la mujer pone los pelos de punta, y ese momento en el que le dice “estoy cansada de jugar juegos contigo” nos hace temernos lo peor. Esta conversación es más que suficiente para que Anderson confirme sus sospechas y vaya en busca de Kyle para hacer lo que mejor saben, combatir el mal. Por desgracia, la hija no les deja pasar cuando vuelven, y tendrán que pelear esa batalla en otro momento, un enfrentamiento que ya sabemos, acabará ocurriendo. Si sumamos a Blake, ya son dos los casos que quedan por cerrar en tan sólo 4 episodios, lo que acabaría con esa tendencia procedimental que parecía haber tomado, pero tampoco acabamos de fiarnos.

En el bosque, el jefe Giles, se dedica a buscar pistas sobre le caso “caravana abandonada”, y por la noche, ve cómo su amigo, al que le había devuelto ese reloj de oro, acude con un bidón de gasolina y quema el remolque. Algo huele a podrido en Rome. Por eso, le pide a Mark por teléfono que mande a procesar las pocas pruebas que pudo recoger.

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Para el final, nos dejamos uno de los secretos del temperamento de Megan, cómo soportar la presión que le supone encontrarse con su agresor después de tantos años. En mitad de la noche se dirige al bosque cercano con una caja llena de vasos y botellas antiguas, y con un martillo se dedica a destrozarlas, a modo de terapia de choque. Bueno, vale, escena para mostrar que realmente la procesión va por dentro, pero como final de episodio… deja mucho que desear.

Así nos quedamos hasta la semana que viene, con poco avance en cuanto a quién es Sidney, qué ha ocurrido en la caravana, aunque ya tenemos sospechoso, con una nueva endemoniada (que acojona más que Joshua) y con ese enfrentamiento con el pasado de Megan. Sinceramente, la sensación es de que nos están intentando contar una historia compleja y cuyo desarrollo va para largo, pero esperaba algo más. Son sólo 10 episodios y como no corran, querrán explicar demasiado cuando el tiempo en pantalla apremie. ¿Qué te ha parecido el capítulo? ¿Te planteas abandonar el barco? Esperamos tus comentarios.


La Frase

Megan Holter: Crees que por tu culpa estoy rota. Gilipollas arrogante. No eres nada para mi. Un bache en el camino. Algo que raspé de mi zapato hace mucho tiempo.

La Imagen

Algo es algo, al menos ya conocemos el nombre del misterioso hombre del sombrero: Sidney.

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