Outcast está viviendo una particular montaña rusa de emociones en la temporada de su estreno, contando con capítulos de gran nivel, y otros que rozan el sopor. Lo que sí veíamos desde hace tiempo, es que se estaban guardando algo muy bueno para el final. Y con este episodio octavo, con sólo 3 para finalizar, comienza a vislumbrarse lo que está por venir. Además, con una de las grandes incógnitas que teníamos desde hacía tiempo: los orígenes de Sidney.

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A pesar de las subidas y bajadas de calidad de la serie, este octavo episodio, antepenúltimo de la temporada, comienza me manera prometedora. Los orígenes del que hoy por hoy es el villano de esta serie, Sidney, permanecían ocultos hasta hoy. Además, nos los presentan de la manera más inesperada: se trata de un feriante.

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Por supuesto, tenía que haber algo más. Tras atender a dos jóvenes en su puesto, de manera en principio de lo más inocente, lo siguiente que vemos es cómo mantiene a uno de ellos retenido en su sótano, atado y maltratado, y al que le ofrece un helado. Así de primeras, nos presentan a un personaje psicópata clásico. Y promete.

Tras los títulos de créditos, vemos como el jefe Giles acude a su casa, junto a la de Kyle, y lo detiene, por las acusaciones vertidas por el reverendo Anderson en el episodio anterior. Barnes contempla la escena desde su domicilio, donde, como recordaréis ahora comparte con su hija Amber tras el abandono de su madre.

Pasando de puntillas por el episodio, vemos a Megan y Mark, distantes tras descubrirse lo que éste último le hizo al individuo que violó en el pasado a su mujer. Unas rencillas, que al final del episodio se verán resueltas con una reconciliación, algo que nos podían haber ahorrado en esta entrega por su escasa trascendencia para la trama actual.

El Reverendo Anderson, por su parte, se entera de la detención de Sidney, y se enfrenta por ello tanto a Kyle como a su amigo el jefe Giles, argumentando que esta detención tan sólo acrecienta su condición de mártir. La respuesta del jefe de autoridad local es contundente: quiere saber quién se esconde tras la cara amable del hombre del sombrero.

Mientras, Kyle y su hija Amber, van de visita al centro donde tienen ingresada a la madre de Kyle, donde hablan largo y tendido sobre las consecuencias de lo que vivieron aquel día del incidente con Allison en el pasado. Me gusta la conexión que están entablando padre e hija, cada vez más conscientes de a lo que se enfrentan.

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Antes de salir del hospital, Kyle se entera de que alguien visitó a su madre unos días atrás, y no era otro que Sidney. Por eso, acude a la comisaría a tener un enfrentamiento que se antojaba tan sólo dialéctico, pero que poco a poco se vuelve algo más. Antes, dejará a su hija al cuidado de Megan, su bote salvavidas en toda esta historia. Tras convencer a Giles de que le deje hablar con Sidney, recordaréis que desde el episodio anterior, el jefe de policía quiere cada vez más enterarse de lo que está ocurriendo, entra en la celda. Un momento que estábamos esperando desde hacía mucho tiempo. Las fuerzas de la luz y la oscuridad enfrentadas en un sitio donde ninguno de los dos puede escapar.

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Luego realmente (y es algo ya habitual en Outcast) lo que mucho prometía se queda casi en nada. Pocas respuestas en una charla que debería haber sido más reveladora. Confirmamos cómo, a través de un flashback, SIdney fue poseído, según el demonio, se encontró con un “ganador”. El destino, por lo que parece, no influye mucho en quién es poseído. Ni siquiera Kyle, como fuente de luz tiene verdadera influencia en lo que ocurre.

Precisamente, hablando de poseídos, ya vimos en el episodio anterior cómo había indicios de que la mujer de Ogden, Kat, mostraba síntomas de ser “una de ellos”, y por eso, Anderson decide tomar la iniciativa, secuestrándola y llevándola a casa de Kyle, donde tratará de que éste haga su magia y expulse al demonio de su interior. Lo que ocurre, es que tras la conversación de Barnes con Sidney, no cree que deba influir en estas personas, es decir, que no hace tanto bien expulsándolos como dejándolos con ese nuevo inquilino. Ogden recurre a su viejo amigo Giles para tratar de recuperar a su mujer, ofreciéndonos un detalle importante en su conversación. Kat ha cambiado, pero para bien, vuelve a estar viva, disfrutando de cada momento, haciéndolo único, y eso para Ogden vale más que los avisos de posesión demoníaca. Por eso, y la nueva perspectiva de Kyle, finalmente Kat continúa tal y como está, y huye con su marido, dejando un enfrentamiento entre Anderson y Barnes, que puede acabar rompiendo el “team exorscist”.

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Las tres últimas escenas importantes que restan en el episodio, nos dejan todo bien encaminado para el final de temporada. La primera de ellas, el reverendo es expulsado por sus diáconos de la iglesia y de su cargo, dejándolo en la calle. El único consuelo que encuentra es el de Patricia, personaje que prometía ser mucho más relevante de lo que al final ha resultado.

Luego, y de manera intercalada, vemos la llegada de Kyle a casa de Megan, donde le confiesa lo ocurrido el día del incidente con Allison, acabando con una cena en familia, al más puro estilo americano, con bendición de mesa incluída. El final, nos deja un detalle, para mí, de lo más interesante, y por eso lo recogemos en la imagen destacada del capítulo.

Cuando Sidney regresa a casa después de su breve detención, se encuentra de nuevo a Aaron, el chaval repelente pelirrojo, el hijo de Patricia, que ya sea por molestar a su madre, a Anderson o por estar en la edad del pavo, decide que lo más inteligente es ponerse al servicio de Sidney, con todo lo que ello conlleva. Es en ese momento, y para cerrar esta explicación del pasado, cuando el gran villano recuerda los instantes posteriores a su posesión. Entra en el sótano donde tenía retenido al chaval, y lo desata, pareciendo que por un momento, la confusión le aporta un grano de humanidad, aunque en el último instante, le susurra al oído al chico un “corre”, que pone los pelos de punta. La duda que me queda es quién toma esa decisión de soltarlo, si la parte humana psicópata de Sidney, aterrada de lo que le acaba de ocurrir, o la parte demoníaca, que realmente es más humana que su anfitrión.

Las respuestas, en los dos próximos episodios, que podrás ver resumidos en Previously On, como siempre.


La Frase

Sidney: Si lo sacas de mí, tan sólo quedará un monstruo.

La Imagen

Momento de reflexión. Sidney, ya poseído, deja escapar al niño que tenía retenido cuando sólo era un hombre. ¿Es más humano entonces el demonio?

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